Envidia y celos explicados por Emilio Carrillo

El pestañeo de la mente

¿A qué llama Emilio Carrillo el pestañeo de la mente?

Es una forma muy interesante de definir lo que nos pasa a todos en nuestra cabeza. Cuando no estamos tranquilos, en paz, cuando algo nos preocupa o incluso nos atormenta; tenemos siempre en la cabeza un run-run. Una voz que no deja de hablarnos, de decirnos cosas, de darnos indicaciones, emitir juicios. Esta voz incesante es "el pestañeo de la mente".

El problema con esta voz "mental" no es que exista. Su existencia "per-se" no es mala para nosotros. El problema viene cuando hacemos caso a esa voz. Cuando la escuchamos y tomamos decisiones a partir de su mensaje. Cuando hacemos esto no somos nosotros desde nuestro conocimiento los que ejecutamos la acción, es el ego el que toma los mandos.

El ego valora en todo momento la situación en la que nos encontramos y nos da indicaciones de advertencia. En base a juicios y conclusiones que emite por nosotros.

Muchas veces nos habremos visto discutiendo "imaginariamente" con la persona que nos ha enfadado.

Esas advertencias de la mente las podemos escuchar o no, pero a todos nos ha pasado que le hemos hecho caso sin filtrar el juicio que está emitiendo.

Para  una de persona de carácter impulsivo o poco racional, esa capacidad es menor de lo recomendable y de ahí surge el arrepentimiento.

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El ego, nuestro "piloto automático"

¿Y porqué se encarga el ego de emitir juicios por nosotros?

La mente construye el ego para protegernos. Es un mecanismo que nos permite relacionarnos con el mundo de forma que garantice nuestra supervivencia, que es para lo que está programada la mente.

De este modo crea una personalidad eficiente para mantenernos alejados del dolor y el sufrimiento.

El ego se mantiene activo, en piloto automático que dice Emilio, en el momento que nosotros conscientemente no tomamos el control de una situación. Por así decirlo, permanecemos dormidos y es el ego el que se encarga de tomar las decisiones. Nosotros no somos capaces de observar esas decisiones, vamos en "piloto automático".

La función del ego es la de tomar decisiones rápidas para solventar una situación determinada. Esa decisión será la que ha aprendido que es más beneficiosa para nuestra supervivencia en nuestro entorno.

De esta forma se forma una personalidad que es la que nuestra mente ha diseñado para relacionarnos con el entorno de la forma más exitosa posible. Para garantizar nuestro equilibrio físico y mental.

Es por eso que es importante darse cuenta cuando actúa nuestro ego. Nos percataremos que no es exactamente como nos gustaría que fuese. Es imperfecto. Y esto es porque está diseñado para otro cometido, el de la supervivencia.

Cuando visualizamos al ego podemos ver arrogancia, envidia, celos, ira... Todos estos sentimientos tienen un factor común que afecta exclusivamente a él pero no a nuestra esencia. El miedo.

¿Y porqué es el ego el que reacciona al miedo?

Por que el ego pertenece a la parte física de nuestra persona. Tiene fecha de caducidad, es finito, caduco. Sin embargo nuestra esencia es divina, inmortal. En nuestra alma no cabe el miedo porque es eterna.

En nuestra alma no cabe el miedo porque es eterna.

La envidia y los celos

Estos sentimientos son la respuesta que provoca nuestra mente (ego) ante el peligro de vernos superados, apartados, a quedar fuera del grupo.

El miedo es el aviso, el cauce principal que genera estos sentimientos negativos. Su misión es la primera y última para la que nuestro cuerpo físico está diseñado. La supervivencia.

Por eso se activan estas emociones. Nos ponen alerta cuando se da cualquier situación que nos pueda dificultar medrar y salir adelante.

Cuando obtenemos algo valioso, automáticamente se activa un miedo a su pérdida.

Cuando aparece el enamoramiento, en vez de disfrutar con plenitud del momento tan especial que se está viviendo, aparece el miedo a la pérdida. Si nos dejamos abrazar por ese miedo, en vez de vivir el momento presente estaremos enfocándonos en lo que podría pasar en el futuro.

"Y si pasa esto...", " Y si pasa aquello..."

El miedo se apodera de nuestro ego que nos avisa mentalmente del peligro. Cuando la persona no sabe observarlo para después analizarlo y reacciona convulsivamente a él culpando al otro; es cuando muchas veces nos comportamos de forma injusta. Una forma de proceder contraria al comportamiento que nos gustaría tener.

Así es cuando apartamos a la otra persona de nuestra vida o tratamos de limitar su libertad.

Mañana y miedo empiezan por "m"

En el momento que desviamos el foco del presente (lo que somos) y nos enfocamos en el futuro (lo que podría ser) perdemos el control de lo que sucede en el ahora y sentimos miedo.

¿Y como reconocerlo?

Es muy probable que lo sintamos y no queramos reconocerlo. Lo que hacemos cuando aparece es simplemente posponer nuestra acción, dejarlo para mañana.

Lo dejamos para más adelante y nos ponemos una excusa (cuando tenga un mejor trabajo haré esto... cuando los hijos se hagan mayores haré esto otro...)

Mañana y miedo empiezan los dos por "m" y no es casualidad.

¿Cómo vencer al miedo?

Cuando reconoces que tienes miedo ante una situación que se plantea en tu vida, estás tomando acción consciente de lo que te ocurre.

No pospones la acción a mañana o a dentro de un tiempo sino que la aceptas, tomando conciencia de ella.

Hay que aceptarlo. No es malo tener miedo, es un sentimiento de supervivencia implícito a la cualidad humana.

Podemos tomar dos decisiones:

  1. No hacer nada de momento. Ese miedo nos impone un respeto que significa que debemos tomar precauciones máximas antes de tomar una decisión. El miedo nos activa y luego nuestra fase racional debe matizar si estamos en disposición de actuar de inmediato o mejor reflexionar.
  2. Tomamos acción. Nuestro propósito está por encima del sentimiento de miedo. Reconocemos el miedo y agradecemos que nos ponga en alerta. Sin embargo sabemos que las consecuencias de no hacer nada serán peores que no "tomar cartas en el asunto".

Si lo disfrazas de "mañana" nunca lo reconocerás y lo ignorarás. No sabrás que es lo que te paraliza para tomar una decisión y simplemente la apartaras. Tomes la decisión que tomes, empieza por reconocer que tienes miedo y se diluirá.

Tomes la decisión que tomes, empieza por reconocer que tienes miedo y el miedo se diluirá.

La resistencia es persistencia

La resistencia al miedo hará que éste se instale en nosotros y nos bloquee. Sin embargo la aceptación de que está ahí, nos situará a nosotros como responsables de tomar o no la decisión de avanzar a pesar de él. No trasladaremos la culpa de eso a circunstancias externas (que ocurra lo que esperamos para ponernos en marcha).

La envidia, los celos y la ira son emociones que pertenecen al mundo del ego.

El miedo está provocado por la mente y el ego. Y esto sucede porque tienen fecha de caducidad. 

Si sabemos observar y comprender lo que nos ocurre, lo que lo provoca, sabremos hacer prevalecer nuestra conciencia (alma) sobre la mente (ego) Esto hará que las decisiones que tomamos estén en línea con lo que sentimos y no aparecerá el sentimiento de culpa, arrepentimiento o reproche.

 

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